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    Hace unos 10 años, en San Sadurniño, un ayuntamiento rural de unos 2.500 habitantes, situado en la periferia de Ferrol, una compañera arquitecta dio una charla sobre desarrollo sostenible, presentando esta expresión como un oxímoron, compuesto por palabras de significado opuesto que, al juntarlas, adquieren un significado nuevo. Desde la condición contradictoria de desarrollo y sostenible defendió la imposibilidad obvia de desarrollo sin límite en un mundo finito.

    En otra de las charlas me tocó aterrizar un poco esa reflexión. Lo hice presentando un cálculo de huella de carbono de un habitante medio del municipio, que vivía en una vivienda unifamiliar mal aislada, construida en parcelas agrícolas dispersas por el término municipal o en los márgenes de las carreteras y trabajaba en la industria local o en la ciudad, a unos 25 km, a donde se desplaza diariamente en coche, y semanalmente a hacer la compra, a una de sus grandes superficies comerciales.

    Podría tratarse del perfil medio de cualquier habitante de un territorio periurbano gallego, pero en este caso buena parte de la audiencia estaba comprometida con la sostenibilidad de nuestra vida en el planeta, al menos en el plano individual y, en muchos casos, también colectivo: procuraban comprar productos de alimentación de producción ecológica (normalmente traídos de muy lejos, del otro extremo del país o de Centroeuropa), habían instalado paneles solares en los tejados de sus viviendas, tenían un pequeño huerto, separaban correctamente sus residuos y militaban en algún colectivo ecologista.

    Hacían lo que podrían, teniendo en cuenta que, la oferta de transporte público era muy deficiente, el empleo local era y es, fundamentalmente, industrial y escaso, no existía una malla urbanizada, no tenían supermercados ni tiendas de alimentación cercanos y la oferta de producción de alimentos, ecológica y de proximidad, era casi nula.

    Por otro lado, el pequeño ayuntamiento, que coorganizaba aquella jornada, no tenía competencias ni capacidad financiera para ofertar alternativas residenciales o de movilidad sostenibles a la altura de las necesidades de sus vecinos, y mucho menos de fomentar la producción de alimentos ecológicos de proximidad, empleo local o una oferta comercial competitiva.

    No sentaron muy bien nuestros discursos: una cosa era defender la idea de la sostenibilidad y otra muy distinta enfrentarse a sus implicaciones, conclusión a la que llegamos conjuntamente, sin mucho esfuerzo.

    El modo más común para no aceptarlas es, precisamente, abrazar la idea del crecimiento verde, una versión del desarrollo sostenible consistente en disociar desarrollo capitalista e impactos ambientales, que, desde la segunda década del S. XXI, se instalado como paradigma de lo que es e desarrollo sostenible.

    Al igual que Futuro hace 50 años defendía la posibilidad de innovaciones mágicas que evitasen el colapso de la civilización humana antes del 2100, periódicamente, grandes titulares hacen eco del progresivo desacoplamiento entre desarrollo económico e impactos.

    . El pasado mes de diciembre, la Energy and Climate Inteigence Unit publicó el informe 10 Years Post-Paris: How emissions decoupling has progressed, que celebra que cada vez una mayor proporción de las emisiones de CO2 se produzcan en países que las están disociando de su PIB, concretamente, un 89% después de 2015 frente a un 77% antes de 2015. El informe muestra que, 1) en la última década, casi 6 de cada 10 toneladas de CO2 se han emitido en países que están disociando el PIB de las emisiones. 2) 3,6 toneladas se han emitido en países en los que las emisiones disminuyen mientras su economía crece y 3) esta situación ha mejorado con respecto a la década anterior al acuerdo de París, en 2015. EL informe celebra que muchos países están disociando emisiones y PIB, y cada vez representan una parte más importante de la economía mundial. El autor del informe afirmaba, en una entrevista, Me siento realmente alentado. Mirando atrás, vemos cuánto hemos avanzado en los últimos 10 años. El mundo se encuentra ahora en una fase de preparación antes del declive estructural. Nos acercamos a un punto histórico en el que las emisiones empiezan a disminuir. Es sumamente emocionante.(11/12/2025 Economic growth no longer linked to carbon emissions in most of the world, study finds). Unos meses antes podíamos leer que la disociación de emisiones y PIB ya alcanzaba la mayor parte de los países de la UE (09/09/2025, World emissions hit record high, but the EU leads trend reversal).

    Lo cierto es que el crecimiento verde (seguir aumentando el tamaño de la economía mientras los impactos ambientales y el consumo de recursos se reducen), se ha generalizado como paradigma del desarrollo capitalista desde que entramos en la segunda década del S. XX. Ya en el año 2014, el quinto Informe de Evaluación del IPCC detectó la disociación entre emisiones de CO2 y PIB, en muchos casos relativa (crecimiento de la economía a mayor ritmo que el crecimiento de emisiones) y, en algunos países ricos, gracias a una mayor eficiencia energética y un mayor desarrollo de las energías renovabes, absoluta (crecimiento de la economía mientras se reducen las emisiones). En 2015, la Agencia Internacional de la Energía (EIA) titulaba confirmada la disociación entre emisiones globales y crecimiento económico. Ese mismo año, el Acuerdo de París y, posteriormente, el European Green Deal (2020) consagraron este principio, al apostar por un desarrollo basado de la economía circular, la eficiencia energética y las energías renovables.

    Esta posibilidad de disociación entre crecimiento económico e impactos se aplica también a resto de los impactos ambientales que el desarrollo capitalista tiene en nuestro planeta. More From Less: The surprising story of how we learned to prosper using fewer resources – and what happens next, publicado en 2017, tuvo una gran difusión y fue ampliamente referido en foros de negocios y sostenibilidad. Defiende que estamos disociando el crecimiento del PIB y consumo de recursos, que cada son necesarios menos minerales, agua o energía… para seguir creciendo económicamente, y que esto es posible por el progreso tecnológico, la mejora de eficiencia, la competencia capitalista, una mayor concienciación de la gente sobre la necesidad de la sostenibilidad del desarrollo y la democracia. Afirma que Aunque habrá más personas en el futuro, y serán más ricas, y consumirán más, lo harán mientras usan menos recursos naturales. Por primera vez en la historia, y para siempre, los humanos vivirán vidas más prósperas mientras pisan la Tierra con más cuidado.

    Parece lógico que una mayor penetración de las energías renovables y una mayor eficiencia en el uso de los recursos (más tecnología, más reciclaje…) puedan lograr que sigamos creciendo al tiempo que disminuimos el consumo de recursos y el resto de nuestros impactos ambientales. Parece lógico pero, ¿es suficiente para alcanzar la neutralidad climática en 2050, objetivo el Acuerdo de París?

    Como 10 Years Post-Paris… admite en su primera línea, las emisiones continúan aumentando. Con este balance coincide este otro artículo publicado en Nature, el pasado año. Si la intensidad de carbono en la economía (las toneladas de CO2 necesarias para para cada unidad de PIB) s redujo sustancialmente desde el Acuerdo de París, las emisiones en general aumentaron, debido al rápido aumento del PIB mundial, lo que anuló con creces el progreso realizado.

    Según los datos proporcionados por Our World in Data procedentes de Global Carbon Budget, (la misma fuente utilizada por el informe) las emisiones de CO2 (las únicas que el informe tiene en cuenta) han aumentado un 26,17 % desde 2006 a 2024, pasando de 30,59 a 38,6 miles de millones de toneladas anuales. Si le añadimos las correspondientes a otros GEI, como son el NO2 o el CH4, que aumentaron un 18% y un 15%, respectivamente, en ese periodo, y le sumamos las emisiones de CO2 debidas a los cambios del uso del suelo, hemos pasado de 52,25 miles de millones de toneladas equivalentes de CO2 en 2006 a 59,02 en 2024. No sólo siguen creciendo, sino que su ritmo de crecimiento se ha acelerado. Si no tomamos en cuenta el dato de 2020, año de la pandemia del Covid19, las emisiones de CO2 antes del acuerdo de París (2006-2014) crecieron a un ritmo medio anual de 1,66%, mientras que después del acuerdo de París (2015-2024) crecieron una media de un 1,77% anual. Ya que cada año estamos más lejos de la neutralidad climática en 2050, pactada hace una década, cambiemos este objetivo por otro más alcanzable (y confortable): ¡Reduzcamos las emisiones directas de CO2 sin por ello tener que dejar de crecer!.

    More from less… defiende su tesis con algunos ejemplos de eficiencia en el uso de recursos:

    Un teléfono inteligente moderno reemplaza una cámara, un GPS, un teléfonos fijo, un contestador automático, una grabadora y un despertador.

    La agricultura de precisión permite a los agricultores recoger cosechas mayores, que usan menos agua y fertilizantes.

    Los automóviles se vuelven más ligeros, lo que los hace más baratos de producir y más eficientes en el consumo de combustible.

    Sin embargo, estas afirmaciones no tienen mucha base: todos os aparatos a los que el iPhone sustituye tienen una mayor durabilidad que éste, y son fácilmente reparables, desmontables y sus elementos, en muchos casos, reutilizables. Todo esto anula las ganancias de eficiencia logradas por el diseño y fabricación del iPhone. Además, la realidad demuestra, casi siempre, lo contrario a lo que los ejemplos defienden: si el modelo de coche es más ligero y su producción más eficiente, produciremos más vehículos a menor precio, pero no usaremos menos acero que antes de la mejora… si un cultivo es más eficiente en el uso de agua, produciremos más, pero no consumiremos menos agua. Si el iPhone es más barato y consume menos recursos en su producción que los aparatos que substituye, lo diseñaremos para que sea muy difícil de reparar, programaremos su obsolescencia e invertiremos en publicidad, para vender más teléfonos y no tener que cerrar nuestra empresa. Son todos ellos ejemplos de aplicación de la Paradoja de Jevons: mayor eficiencia conduce a mayor producción y mayor uso de recursos.

    En Is Green Growth Possible? Jason Hickel y Giorgos Kallis contradicen la supuesta desmaterialización inducida por el desarrollo tecnológico y la terciarización de la economía capitalista: si durante el S. XX existía una tendencia a disociar el PIB del peso total de materias primas, a partir del año 2000, la aceleración del desarrollo tecnológico produjo un cambio de tendencia y una re-materialización de la economía y re-acoplamiento entre PIB y consumo de recursos (que hoy ya crece, a nivel global, más aceleradamente que el PIB). Por otro lado, el traslado de actividad económica y empleo desde los sectores primario y secundario al sector de servicios, aumentó la eficiencia de los procesos de producción y consumo e intensificó el uso de materias primas. Si bien, en las últimas décadas, se produjo una mejora de eficiencia energética notable (desde 1990 la cantidad de energía necesaria para producir una unidad de PIB se ha reducido un 37%), en el mismo periodo, el consumo energético per cápita ha aumentado un 14,07%, según Datos Banco Mundial. En general, según estos autores, el desarrollo económico ha estado siempre más o menos alineado con el consumo de recursos, y a periodos de disociación relativa les han seguido periodos de re-acopamiento o re-materialización.

    Si los avances tecnológicos y la eficiencia, asociados a la competencia capitalista, no han logrado reducir nuestro uso de recursos ni las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero ¿es posible lograrlo?

    Para Is Green Growth posible?, las predicciones de los organismos más interesados en defender este modelo (Banco Mundial, OCDE, UNEP…), sin una sólida base empírica, concluyen, en el mejor de los casos, una disociación relativa del uso de recursos, es decir, un crecimiento del PIB a mayor velocidad que el consumo de recursos y, en ningún caso, una disminución de su explotación.

    ¿Pueden mejorarse estos resultados con una mayor circularidad o una menor obsolescencia de los productos? Un 44% del consumo global de materiales se corresponde con el uso de la energía y la alimentación y otro 27% tiene que ver con el aumento del stock de infraestructuras y edificios. La energía no admite disminución de la obsolescencia ni circularidad. El desperdicio alimentario supone actualmente casi un 20% de los alimentos que llegan a las cadenas de distribución y puede reducirse. El stock de edificios e infraestructuras no da mucho margen para e ajuste en una economía en crecimiento…. En todo caso, el margen de mejorar no es muy amplio. Al final, los límites físicos a la eficiencia se imponen: en la fotosíntesis, en los motores, en la extracción de materiales, en la tasa de retorno energético en la extracción de petróleo o los procesos de reciclaje… y el margen de mejora de la eficiencia de los procesos se agota. El artículo concluye que, a corto plazo, en los países más desarrollados, es posible esta disociación entre crecimiento y consumo de recursos, pero no globalmente ni para siempre. Sólo creciendo más lentamente, por debajo del ritmo histórico de desarrollo capitalista podríamos desacoplar economía y el uso de recursos. Pero claro, el capitalismo sólo produce bienestar con cierto ritmo de crecimiento..

    Figure (a) Global material footprint, 1970-2013; (b) Change in global material footprint compared to change in global GDP (constant 2010 USD), 1990-2013. Source: Materialflows.net/World Bank. Jason HIckel.Is Green Growth Possible?

    Si esto es así, si no es posible seguir creciendo y evitar un cambio climático catastrófico o un colapso en el suministro de materias, cabe concluir que el fin de la civilización humana sólo se puede evitar reduciendo drásticamente la población mundial, evitando, con controles anti-capitalistas, que las mejoras de eficiencia se traduzcan en más emisiones y más consumo de materiales, reduciendo el tamaño de la economía global, o una combinación de todas estas medidas.

    Lamentablemente, como concluyen los autores de Is Green Growth Possible?, lo políticamente aceptable es ecológicamente desastroso. Lo ecológicamente aceptable es políticamente imposible.

    La foto que encabeza esta entrada está tomada en el borde norte de la ensenada de A Malata, en la Ría de Ferrol, donde existe una antigua rampa de atraque de unos 4 metros de ancho, probablemente vinculada al astillero que allí existió desde, al menos, principios del S. XVIII, cuyo dique de carenar aún se conserva.

    A principios del S. XX el muelle fue peraltado y alargado para permitir el atraque de barcos de mayor calado y eslora. El hecho de que la nueva infraestructura se apoyase en la existente, sin destruirla, es un ejemplo de economía y adaptación. El gesto de quebrarse hacia la entrada de la ría, responde seguramente a una necesidad de facilitar la maniobra de atraque de los barcos de pasajeros que venían de la ciudad, principal modo de transporte urbano en la ría hasta bien entrada la segunda mitad del S. XX.

    El contraste entre la rampa inicial, empeñada en hundirse en el agua, y la segunda, más estrecha, que cambia de rumbo para poder adaptarse a las nuevas necesidades, llegando mucho más lejos… sugiere la diferencia entre los dos caminos que la humanidad tiene ante sí: continuar sin cambios, para hundirnos, o cambiar de rumbo, para mantenernos a flote.

  • En 1982, el mismo año que se emitió por primera vez la serie Cosmos: a Personal Voyage en la televisión pública española, mis padres se hicieron socios del Círculo de Lectores, un club de lectura que llegó a tener, en los años 90 del pasado siglo, más de un millón y medio de asociados en España.

    En un país que acababa de salir de una dictadura, donde una gran parte de la población no tenía estudios primarios, ni estanterías donde colocar libros, ofrecer ediciones de calidad, enciclopedias… parecía una empresa sin futuro. Sin embargo, funcionó.

    A los nuevos socios les regalaban dos libros de gran formato. El primero era Grandes acontecimientos de la historia.: bellas reproducciones de cuadros históricos o fotografías, y resúmenes en los márgenes.

    Detalle de la Consagración de Napoleón, de Jacques-Louis David, por Gautier Poupeau, licencia bajo BY CC 2.0. https://www.flickr.com/photos/lespetitescases/11369216876/

    El segundo, Futuro: imagen del mundo de mañana, editado en 1975, formular una hoja de ruta que permita al planeta Tierra acoger una población de 15.000 millones de humanos.

    Esta cifra de población había sido utilizada por Paul R. y Anne H. Ehrlich en la Bomba demográfica para advertir de grandes hambrunas globales durante las décadas siguientes a su publicación en 1968, una más de las reflexiones preocupadas por los límites del desarrollo humano, junto, por ejemplo, a la Nave espacial Tierra de Kenneth Boulding (1966), la Gaia de James Lovelock (1969) o los Límites del crecimiento del MIT (1972), desarrolladas en los años anteriores a la publicación de Futuro.

    Futuro expone, en sus primeras páginas, las implicaciones y consecuencias de estos límites, hasta que, en su página 25, formula la gran pregunta:

    ¿Será capaz el hombre de dominar el porvenir o habrá acabado todo dentro de cien años?

    Para darle respuesta presenta tres escenarios, que proyectan hasta el año 2100 la evolución de 5 factores clave: recursos, población, alimentos, producción industrial y contaminación ambiental.

    Los dos primeros, tomadas del informe Los límites del crecimiento, concluyen con un colapso de la sociedad industrial a mitad del S. XXI, teniendo en cuenta un marco de acceso limitado a los recursos naturales no renovables y extralimitación de la capacidad de los ecosistemas terrestres. Si se introduce en el modelo una mayor eficiencia en los procesos industriales y de extracción de recursos, se alcanza una población de 8.000 millones de personas mientras los niveles de contaminación se disparan y la tierra pierde productividad, lo que lleva a la escasez de alimentos y el colapso demográfico. Si se tienen en cuenta factores correctores como un gran desarrollo de la energía nuclear, el control de la contaminación, el reciclaje de los residuos o un aumento de la productividad agrícola o el control más o menos rígido de la natalidad, el colapso se demora, pero ocurre, en todo caso, antes del año 2100.

    Futuro menciona un tercer escenario basado en otra simulación, de la Universidad de California, con conclusiones más optimistas, que introduce un nuevo factor: El hombre ha de tener algunas ideas salvadoras. Con innovaciones técnicas vitales las gráficas apuntan en seguida a un mundo mejor… que pueda albergar 15.000 millones de seres humanos.

    (En el momento de la publicación del libro esta cifra de población ya había sido ya criticada por exagerada: actualmente, casi 60 años después, no somos ni 8.500 millones de habitantes y la previsión es alcanzar un máximo de 10.500 millones en torno al año 2080, no más)

    A partir del segundo capítulo, el libro asume este tercer escenario y presenta, algunas de esas , a desarrollar antes del año 2000 para que el planeta Tierra siga albergando una civilización humana. Así, antes del año 2000, vehículos autónomos se desplazarán a grandes velocidades y las ciudades se desarrollarán verticalmente, sobre la tierra y bajo el mar. La robótica e inteligencia artificial estarán presentes en la vida cotidiana, al igual que los nuevos materiales. Las telecomunicaciones habrán hecho posible la Aldea global criticada por McLuhan en 1962, soluciones de geoingeniería habrán permitido controlar el clima, y se explotarán ya los recursos de los fondos marinos y otros astros. La ingeniería genética, aplicada al ser humano, habrá servido para mejorar su salud, adaptar su organismo a vivir en nuevos ambientes o lograr la eterna juventud…

    Detalle de Plug-in City de Peter Cook por todaystart bajo licencia CC BY-NC-ND 2.0, https://www.flickr.com/photos/todaysart/4131020303

    Mientras fui un chaval volvía de vez en cuando a abrirlo. Me paraba poco en sus textos (que apenas podía comprender) y me dejaba fascinar por aquellas ilustraciones, especialmente las extraordinarias imágenes creadas por Günter Radtke: paisajes agrarios artificiales y electrificados, ciudades bajo el mar, granjas en el espacio, vehículos sin conductor con viajeros tomando el té e su cabina. Algunos titulares sonaban mágicos, destacaban por encima de los demás:

    El viento y las nubes obedecerán al hombre,

    los hombres respirarán como los peces,

    la juventud podría durar siglos

    La base de todas estas innovaciones son un extraordinario desarrollo de la energía nuclear, la tecnificación total de la agricultura, el reciclaje completo de los residuos o el control de la natalidad, 4 de las 5 utilizadas en los escenarios del MIT que concluían en colapso. La diferencia entre los escenarios que Los límites del crecimiento y Futuro plantean radica en que, para el primero, sólo si detenemos el crecimiento del capital industrial podremos evitar el colapso, mientras Futuro ve en este desarrollo industrial y científico-técnico la única garantía de que la innovación pueda hallar soluciones a los grandes impactos que la civilización humana produce en el planeta..

    Futuro cita los escenarios del informe del MIT que concluyen en colapso, pero no hace referencia al capítulo V de dicho informe, en el que se propone un estado estacionario, viable para la civilización, basado en la estabilización de la población mundial y del capital industrial, que dejan de crecer, alargando la vida útil de los productos y garantizando las necesidades básicas de la población. Esta estabilización demográfica y de capital debería ir acompañada de grandes avances en el control de la contaminación y la recuperación de materias primas, así como del desarrollo de métodos para la restauración del suelo improductivo y erosionado.

    La transición a este estado estacionario permitiría, en 1972, duplicar la disponibilidad de alimentos y triplicar el valor de los servicios básicos disponibles. A pesar de la situación estacionaria alcanzada, la reducción de la disponibilidad de recursos sería constante, pero suficientemente lenta como para permitir mejoras tecnológicas que la compensasen.

    De aquellas innovaciones técnicas vitales… ideas salvadoras… que Futuro planteaba, en las que descansaba la continuidad de la civilización humana en el planeta ¿Qué se ha logrado 50 años después de su publicación’

    Donde más se ha avanzado es en la tecnificación de la agricultura, plasmada en mejoras cuantitativas de la productividad agrícola, que se ha duplicado, en relación peso/superficie, en los últimos 50 años, si bien a costa de disminuir la calidad de los alimentos, encarecer los procesos de producción o aumentar la dependencia tecnológica y de los combustibles fósiles para fertilizar los campos.

    Invernadero de producción de nerium oleander en maceta, por ININSA, https://www.flickr.com/photos/ininsa/7400839410, bajo licencia CC BY-NC-SA 2.0 https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/2.0/deed.es

    Hoy las telecomunicaciones son el principal medio de acceso a la información, el conocimiento y el entretenimiento, y las conexiones aéreas y ferroviarias de alta velocidad están al alcance de muchos millones de personas. Nuevos materiales, como la fibra óptica, el fullereno o el silicio cristalino tienen aplicaciones comunes en las telecomunicaciones, la medicina, la electrónica o la cosmética.

    Sin embargo, estamos muy lejos de una cobertura 100% de la demanda de energía con electricidad producida en centrales nucleares. Hoy, según la OIEA, de las 3.000 previstas por Futuro tan sólo 438 estaban operativas, produciendo unos 2.900 Tw cada año, un 2% de la energía que se consume en el mundo. Los vehículos autónomos, la domótica, la robótica y la inteligencia artificial forman parte de la vida cotidiana de una parte muy pequeña de seres humanos. Cientos de experimentos de geoingeniería para absorber CO2 y contrarrestar el cambio climático están en marcha a lo largo y ancho del planeta https://map.geoengineeringmonitor.org/, si bien su aplicación a gran escala podría tener efectos impredecibles e irreversibles para la vida en la tierra.

    En cuanto a la recuperación de residuos, la tasa media mundial de reciclaje está, tan solo, en torno al 14% del total. El alcance de la urbanización del mar y la minería de los fondos oceánicos es muy limitado… la colonización de Marte está programada para medianos de este siglo… La explotación de sus recursos es una perspectiva remota. La manipulación genética del ser humano está sometida a controles éticos que impiden su desarrollo más allá de las terapias destinadas a curar enfermedades.

    Capsula Dragon SpaceX por Kevin Gill, bajo CC-BY-SA-2.0 https://www.flickr.com/photos/kevinmgill/18053607180/

    Desde la publicación de Futuro y Los límites del crecimiento la población mundial, el PIB mundial y el consumo de energía se han multiplicado por 2, 3.5 y 2.12, respectivamente. Mientras, las condiciones que garantizan la continuidad de la civilización humana en el planeta se han ido deteriorando: las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero han provocado, por ejemplo, que la temperatura media global haya aumentado, según el IPCC, 1,07 ºC entre 1974 y 2024 y el PH de los océanos se ha reducido desde 8.11 en 1985 a 8,04 en 2024.

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    Azote for Stockholm Resilience Centre, based on analysis in Richardson et al 2023, bajo CC BY 3.0 https://n9.cl/a4myd

    En el año 2009, 28 científicos, coordinados por Johan Rockström, del Stockholm Resilience Centre y Will Steffen, de la Australian National University, identificaron 9 procesos interdependientes que afectan al funcionamiento del sistema terrestre, y establecieron umbrales que deben ser respetados si queremos mantener un espacio operativo seguro para la humanidad. Los 9 procesos deben ser tratados conjuntamente por cualquier política que persiga este objetivo.

    Si en el año 2009 eran 3 las fronteras traspasadas por la humanidad (la interferencia en el ciclo del nitrógeno debido al crecimiento en el uso de fertilizantes, la integridad de la biosfera y el relacionado con el cambio climático), en la evaluación de 2015 se le unía la alteración de los paisajes naturales, que tiene un importante impacto en la biodiversidad y la regulación del ciclo del carbono. En 2023 tan solo 3 fronteras (el adelgazamiento de la capa de ozono, la acidificación de los océanos y la carga atmosférica de aerosoles) no habían sido traspasadas.

    2025 actualización de Planetary boundaries. Azote for Stockholm Resilience Centre, based on analysis in Sakschewski and Caesar et al. 2025. Licencia CC BY-NC-ND 3.0.

    En 2025 se había superado ya también el umbral de seguridad relativo a la acidificación de los océanos.

    Según Los límites del crecimiento, los factores más determinantes para determinar el fin de la civilización son la disponibilidad de recursos y el hecho de que pueden transcurrir dos generaciones entre el momento en que las políticas de control demográfico y de ajuste de capital son adoptadas y el momento en que muestran sus efectos. Ya en 1972 era urgente iniciar esta transición: cuanto más fuese demorada la toma de esta decisiones, menores serían la disponibilidad de recursos, y los niveles de servicios, alimentos y bienestar per cápita viables en este estado estacionario.

    Transcurridos 50 años de aceleración del desarrollo industrial, explotación de los recursos y de acumulación de impactos en las condiciones que garantizan la vida en el planeta, estos niveles viables son mucho menores que en 1972.

  • Planet Earth is blue, and there’s nothing I can do…

    David Bowie, Space Oddity (1969)

    NASA/JPL-Caltech

    El 14 de febrero de 1990, la sonda Voyager 1, antes de abandonar el sistema solar y apagar su cámara definitivamente, a 6.055 kilómetros de la Tierra, tomó sus últimas fotos. Entre ellas, una que muestra nuestro planeta. como un pálido pixel azulado. Pocas imágenes muestran con igual claridad la extrema vulnerabilidad del planeta, una mota en el océano cósmico.

    Carl Sagan en el episodio 13, al final de la serie Cosmos: a Personal Voyage, decía, a propósito de esta imagen:

    En nuestra oscuridad —en toda esta vastedad—, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos. La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en un futuro próximo, al que nuestra especie pueda migrar. Visitar, sí. Asentarse, todavía no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde hacemos nuestra parada. (…) Tal vez no haya mejor demostración de la locura de la vanidad humana que esta imagen distante de nuestro pequeño mundo.

    Kenneth Boulding, en The economics of the coming spaceship earth (H. Jarrett (ed.), 1966 https://n9.cl/jzjzt3., fue el primero en identificar la Nave Espacial Tierra y en defender la economía del astronauta, que percibe la nave espacial en la que viajamos como un mundo cerrado, de recursos limitados, frente a la economía del cowboy, que cabalga por las llanuras sin límites.

    Como astronautas, somos responsables de pilotar adecuadamente este vehículo. Estamos a los mandos. Pero ¿Cómo hacerlo? ¿Sabemos cómo está equipada esta nave, qué sistemas se encienden y apagan cuando apretamos un botón o accionamos una palanca en el cuadro de mandos?

    R. Buckminster Fuller sostiene una esfera Tensegrity sphere, 18th Abril, 1979. bajo licencia PDM 1.0 https://n9.cl/4obdj

    Richard Buckmister Fuller, en su Operating Manual for Spaceship Earth (1969) https://n9.cl/3ig69, se atreve con un libro de instrucciones, y advierte que no podemos tener una visión de conjunto sólo analizando los sistemas por separado: todos están íntimamente conectados.

    Casi al mismo tiempo, en 1969, James Lovelock da forma a esta idea a través de la hipótesis Gaia, según la cual el planeta es una entidad compleja que implica a la biosfera, atmósfera, océanos y tierra, constituyendo en su totalidad un sistema retroalimentado que busca un entorno físico y químico óptimo para la vida.

    El ser humano es la mayor amenaza para el buen funcionamiento de este sistema.

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  • St James Park, London, 11/2006
    St James Park, London, 11/2006

    Un libro de versos bajo la rama,

    Un pan, una jarra de vino y tú

    A mi lado cantando en el desierto

    ¡Ah, el desierto sería un paraíso suficiente!

    Omar Khayyam, Rubaiyat

    «O parque dos piqueniques, farsa trágica em cinco andamentos sobre o futuro que já é» (José Mora Ramos, 2001) es la excursión de una familia para escapar de su rutina diaria, comer en el campo y respirar aire puro. Llevan consigo objetos para su entretenimiento individual:: un altar, un portátil, teléfonos móviles, una televisión, una agenda electrónica….

    La excursión resulta un penoso viaje a través de una ciudad que perciben hostil, para instalarse en una parcela individual de su propiedad, rehuir la conversación con otras familias y comer un catering que, elaborado con ingredientes de los cinco continentes, llega en helicóptero.Todo resulta, puntual según lo contratado.

    Hasta que un extraño aparece y les advierte sobre la necesidad de mantener la comunicación, de no ensimismarse….para sobrevivir a los tiempos oscuros que se avecinan..